Octavio y yo teníamos 15 años de edad cuando nos conocimos en la boda de mi prima hermana Marilola Piedras con su hermano mayor Reynaldo (Octavio como hijo menor de la familia Pérez Morales y yo como el de la familia Ros Martínez). Es en aquella ceremonia como lo he mencionado, donde inició nuestra amistad.
Su padre Don Reynaldo Pérez Franco era entonces propietario de la “Botica del Mercado” a tan solo a una cuadra del “Mercado Revolución” de Córdoba, Veracruz, previamente establecida en la Ave. 6 y calle 7 desde el año 1910. Al inicio en 1892, la “Botica” estaba ubicada en la Ave.1 entre las Calles 7 y 9 cuyo dueño era Don Filomeno Morales González (“médico químico farmacéutico” nacido en San Andrés, Chalchicomula) papá de Doña Sofía Morales Roiz quien posteriormente se desposó con Don Reynaldo.
Fue años antes en 1889 cuando Don Filomeno instaló en sociedad “La Botica” en la Ciudad de Puebla, ampliándose luego a la “Ciudad de los 30 Caballeros”. A su regreso de especializarse en Francia lo sorprendió la noticia que sus “Boticas” estaban arruinadas, por lo que con sus “botámenes de cristal y porcelana” (“…recipientes que servían para almacenar y conservar medicamentos y “fórmulas magistrales”, así como con fines decorativos”…”) a cuestas, se mudó definitivamente a la Ciudad de Córdoba donde además contraería matrimonio con Doña Sofía Roiz Lamar.
Don Filomeno muere en 1926, 34 años después de haber instalado la “Botica del Mercado” sucediéndolo su hijo Eduardo Morales Roiz, que al ser llamado a fungir como Delegado de Tlalpan en la CDMX por el “Jefe del Departamento del Distrito Federal” Fernando Casas Alemán, se la vende a su cuñado Reynaldo en 1946. Dos años antes Don Reynaldo viviendo en Tuxtepec, Oaxaca se ve obligado junto con su familia a abandonar sus sembradíos de plátanos y propiedades al ser destruidos por lo que se conoció como “
La Tragedia de Tuxtepec” (“…”gran inundación en 1944, causada por un ciclón que provocó el desbordamiento del “Río Papaloapan”, sumergiendo a la ciudad en un desastre natural…”).
Una vez adquirida la Botica Don Reynaldo se asocia con su cuñado el reconocido Químico Alberto Morales Roiz, quien aparte de ejercer como “Responsable/ Farmacéutico” ideó fórmulas y “preparados” “…que incluían pócimas, ungüentos, píldoras, remedios y jarabes elaborados a partir de ingredientes naturales como plantas medicinales, minerales y sustancias animales…” mismos que a la fecha los siguen solicitando. El Tío Alberto (cariñosamente “Moralitos”) era igualmente prestigiado docente en Escuelas de Nivel Superior en la Ciudad de Córdoba (todo un admirado personaje Don Alberto, referido en otro de mis relatos). Siempre lo recuerdo vestido de traje, corbata y sombrero en la cabeza o en mano y en época de lluvias gabardina y paraguas en el brazo.
“…Tío Alberto, tío Alberto…
…El vaso de mi juventud
Yo lo levanto a tu salud
Rey del país del sueño y la quimera…”
“Tío Alberto” – Joan Manuel Serrat
Deseo resaltar que Don Alberto en sus últimos años centró sus estudios e investigaciones sobre (en ese momento desconocido y ahora tan popular) “Cloruro de Magnesio” (“…El magnesio favorece la producción de anticuerpos y activa las defensas naturales del organismo…”) información que obtuvo de estudios en Laboratorios Europeos donde desde hacía varias décadas se comercializaba en Farmacias. Actualmente en nuestro País también se encuentra en tabletas que son las que yo consumo.
En resumen Don Reynaldo en su calidad de comerciante en combinación con los conocimientos académicos de su cuñado Don Alberto supo hacer de “la Botica” un éxito.
Él lega la “…tradicional, famosa y prácticamente mítica “Botica del Mercado”…”, a su hijo Raúl, hermano de mi ahora compadre Octavio quien como he narrado también trabajó en ella primero en sus tiempos libres de estudiante y después ya “titulado”.
Curiosamente mi querida maestra de segundo de Primaria Felipa Ramírez colaboró en “la Botica” al igual que por varias décadas y de “tiempo completo” estuvo “al frente” su hermano “Chucho” (Jesús Ramírez Herrera) habiendo aprendido las múltiples y famosas fórmulas como el “Vermífugo Morales” (“…MEDICINA que tiene virtud para matar las lombrices intestinales…”) una de las tantas recetas recomendadas por los Médicos de aquellas épocas en Córdoba. Todo ello bajo la supervisión prestigio y seriedad del Químico Don Alberto Morales Roiz.
Así mismo existen múltiples anécdotas “…qué se reflejan en historias y películas de ”La Época de Oro del Cine Mexicano” periodo en que se produjo el auge de las boticas y boticarios, con cintas que representaban la vida urbana de la época…”.
¡De ese modo conocí “La Botica del Mercado” entre morteros, probetas y pipetas con su Laboratorio Químico de Calidad!.
Y con su desde entonces “slogan publicitario” (“lema publicitario”):
“BOTICA DEL MERCADO”
”La del Servicio Esmerado”
“Tiene el mejor jarabe para la tos “pulmocrol” que solo lo hay ahí”
(comenta uno de sus numerosos clientes leales).




















