Como relaté al final de mi anterior “Gastando Zapatos” sobre “Antonio Ruiz Galindo”… fue fundador en 1945 de un hotel al que llamaría con sus apellidos: “Ruiz Galindo”. Construcción que ocupó casi la totalidad de una cuadra con varias cualidades de un “Gran Hotel”: “boliche”, “cine”, “restaurante de especialidades”, etc., además de un edificio independiente para hospedar como se acostumbraba a mediados del siglo pasado, a “los miembros de servicio” que llevaban “los huéspedes distinguidos”. Así mismo contaba con estacionamiento y su propia gasolinera, todo el lujo posible en aquellos “días de gloria”.
¡Aahhh, sobresaliendo una característica única!… “la alberca que se hizo famosa por lucir desde temprano, agua cristalina decorada y aromatizada con “gardenias”, flor (como especifiqué) típica de este municipio” que para tal efecto se cultivaban en sus propios terrenos, resaltando también los hermosos jardines que la circundaban característicos del clima tropical de Fortín, así como la envidiable vista del “Pico de Orizaba” o “Citlaltépetl” coronado de nieve durante todo el año, lo que le otorgaba el sobrenombre de ¡»nieves eternas»!. Marco maravilloso que podían disfrutar los turistas nacionales e internacionales ya que como he estado especificando el Sr. Ruiz Galindo se dio a la tarea de hacer promoción allende nuestras fronteras, especialmente en el país vecino del norte EUA, por ello era común ver en el hotel visitantes de habla inglesa extasiados con lo que llamaban ¡un paraíso con olor a gardenias!.
Otra ventaja era que los habitantes de las ciudades vecinas de Córdoba, Huatusco y Orizaba podíamos pagando una cuota de recuperación, pasar el día y hacer uso de las instalaciones, baños/vestidores limpísimos y cómodos, así como también el nadar entre gardenias.
En una de mis crónicas de “GZ” narré que los domingos me llevaban de “chaperón” Joaquín mi cuñado (+) con mi hermana Maruca, para tomar un refresco o un helado de la cafetería que estaba a orillas de la alberca; hasta ahí me llegaba el perfume de las gardenias. Aunque era muy pequeño lo recuerdo como un lindo “paseo dominical”.
Otra peculiaridad eran sus pisos relucientes y olorosos casi en su totalidad de color rojo; decían que se pulían con petróleo diluido y aromatizantes.
Tengo como recuerdo de juventud en mi codo derecho, una cicatriz que me quedó de un resbalón por correr chorreando recién salido de la alberca.
Era muy agradable ingresar al “Salón de Banderas”, aquel espacio emblemático con un toque de elegancia y distinción.
Todo ese entorno como niño me llamaba mucho la atención, pero pasados los años valoré el esfuerzo de su precursor Antonio Ruiz Galindo.
«En la vida no cuentan los pasos que has dado ni los zapatos que has gastado, lo que cuentan son las huellas que has dejado»
Anónimo
Y si de aromas evocadores se trata, en temporada de cosecha de café con los vientos llagaba hasta el Hotel el olor al fruto del preciado “aromático”, ya que muy cerca se encontraban los plantíos en las fincas cafetaleras.
Comentan quienes lo disfrutaron, sobre las célebres tertulias que se organizaban a la orilla de la alberca con “música en vivo”, así como los suntuosos bailes en sus salones con legendarias Orquestas. Dada mi corta edad no tuve entonces la posibilidad de gozarlos, pero sí de haber experimentado el apogeo del icónico “Hotel Ruiz Galindo” en aquellos 50’s y 60’s.
¡Los turistas y visitantes tenían un cometido muy importante, tomarse una foto nadando entre gardenias o a la orilla de la alberca para apreciar las famosas flores!.
Después de casi 80 años el “Hotel” cerró sus puertas en mayo de 2023…
El Señor Antonio Ruiz Galindo falleció en 1981, a la edad de 84 años, dejando con su trayectoria profesional un valioso legado.
Yo me quedo con el rico olor a “gardenia”, ese aroma distintivo que se asocia comúnmente con la elegancia, la feminidad y para mí con la alberca del mítico “Hotel Ruiz Galindo”…
¡dos gardenias para ti!…


















