Sabías que: “…México le regaló al mundo la palabra «tiza» (del náhuatl “tizatl”) relativo al yeso con el que se escribe en los pizarrones; como prueba de su origen ese término se encuentra en “topónimos mexicanos” y “centroamericanos” como: “Tizapán”, “Tizayuca”, “El Tizate”, todos haciendo referencia a su significado, “un lugar de tierra blanca”.
Por extraño que parezca rara vez la usamos porque nos referimos al mismo objeto como «gis» (del latín
“gypsum”/yeso) que se dice llegó al español a través del gallego, el portugués o quizá de otro más de los cuáles la palabra cruzó el océano y echó raíces en México en donde hasta la fecha, se usa la voz “gis” para nombrarlo…”.
En el resto de Hispanoamérica y España se utiliza más la palabra «tiza» que como expliqué, proviene del náhuatl “tizatl”.
Lo que resulta en verdad excepcional es el hecho de que un “nahuatlismo” desaparezca prácticamente en el principal ámbito de influencia de dicha lengua (México) y tenga el uso pleno en otros “Países Hispanohablantes…
”Se puede decir que en México se acostumbra el término “gis” para escribir en los pizarrones de las escuelas y el de “tiza” para nombrar primordialmente al compuesto de “yeso” y “greda” que se usa para frotar “los tacos” del billar…”. No es extraño que “tiza” se interprete por muchos hablantes mexicanos, como vocablo español (en el sentido de peninsular) cuando como explico, que se trata precisamente de un indigenismo mexicano.
En resumen en la actualidad la palabra “tiza” (náhuatl) se usa en España e Hispanoamérica y “Gis” traída por los españoles se utiliza en México.
“Dijo Lolo Zavala, mexicano, en Mayo del 2013 que:
“…Así que, de toda la vida, antes de que el rotulador y la pantalla con proyector los desplazaran, los niños ibéricos aprendían a leer, a escribir y a sumar y restar, leyendo lo que el maestro, “tiza” en mano, escribía en la pizarra. Unas lecciones que tomaban, sin saberlo, a través de un trocito de nuestra querida Tierra. Mientras tanto nosotros, aprendimos con un “gis” que se deslizaba en el pizarrón y que, sin saberlo tampoco, nos enseñaba un poquito de latín y quizá también una pizquita de catalán…”.






















