”Romper aquellas barras de hielo”

”Romper aquellas barras de hielo”0

¿Recuerdan ver temprano (muy de mañana) las entonces tan socorridas “barras / “bloques” de hielo” colocadas afuera de las misceláneas, abarrotes del barrio o inclusive en los hogares, así como en restaurantes, cafeterías, además de otros lugares donde se expendían bebidas (cuidando que la cerveza no “se quemara”) como bares y cantinas, con el propósito de enfriarlos o mantenerlos al menos frescos?
 
Yo si las recuerdo, al igual que a las “hieleras de metal”, algunas incluyendo el ahora inusual “destapador”.
 
Algunas veces vi piletas de cemento con agua fría para poder conservarlo. Ahí iba a parar aquella barra de hielo cortada según las necesidades, con un “picahielo” (o utensilio para cortar el hielo).
 
No hay que olvidar que antes que los refrigeradores llegaran a la mayoría de los hogares mantener la leche, la carne o el agua fresca, dependía de un oficio casi olvidado: “El repartidor de hielo”; igualmente anterior a que existieran dichas hieleras.
 
“…muchas familias mexicanas usaban unas cajas grandes de madera llamadas también “hieleras… Por fuera parecían un pequeño mueble, pero por dentro tenían compartimentos donde se colocaba un gran bloque de hielo… La carne, la leche, la mantequilla o las bebidas se guardaban ahí adentro, mientras el hielo se iba derritiendo lentamente. Abajo había una charola o una llave para sacar el agua… Aquí viene a colación que el hielo no lo hacía la familia, sino que había los aludidos repartidores que recorrían las calles vendiéndolo en enormes barras a veces en carretas o camiones. Durante muchos años, especialmente entre 1920 y 1950, tener una hielera de madera era casi tan importante como tener una estufa…”
(Fragmentos de “New York: Oxford University Press”).
 
Por mi profesión en el “Sector de la Comunicación y Publicidad” he sabido que los orígenes del “comercio de reparto de hielo” se remontan a principios del siglo XIX, cuando la recolección de hielo se convirtió en una industria viable.
 
Los repartidores u “hombres de hielo” seguían rutas predeterminadas distribuyéndolo a hogares, restaurantes, hoteles y diversos negocios que dependían de este producto esencial.
 
En muchos barrios, la llegada (del hielero) era un acontecimiento diario. Las familias salían con cubetas, cajas metálicas o “hieleras” de madera para comprar un trozo que ayudara a conservar los alimentos unas horas más.
 
“…Hubo un tiempo en México en que conseguir hielo era tan importante como conseguir comida…”
 
Los hombres que trabajaban en ésto cargaban bloques que podían pesar más de 50 kilos. Usaban ganchos metálicos y costales sobre la espalda para soportar el frío extremo del hielo y el calor brutal de las calles mexicanas.
 
En algunas ciudades, los niños perseguían el camión del hielo esperando pequeños pedazos rotos para chuparlos como si fueran dulces, aquel trozo helado era el único alivio contra los veranos sofocantes.
 
Hoy abrir el congelador parece normal. Pero en el México de antes repito, tener hielo en casa era casi un lujo.
 
“…Al sustituir los caballos por los primeros vehículos de motor, las empresas adaptaron la altura de la caja de carga. El estribo trasero funcionaba como un práctico escalón intermedio para alcanzar las mercancías que iban apiladas, además para incrementar “el servicio al cliente”, obsequiaban bloques de acuerdo a la compra realizada. Esa “estrategia” o “modalidad” inusual e innovadora trajo como resultado un considerable aumento en las ventas… de ahí la histórica frase: «ponle hielo a la cerveza» (o el clásico «échale hielo») a alguna situación o servicio para componer o enfriar los ánimos…”, es decir, “un enfoque que prioriza la creación de vínculos duraderos en lugar de solo ventas aisladas”.
 
Muy importante citar los tan en boga comerciales de TV o impresos a través de los sentidos mostrándose una cerveza bien fría que mitigara la sed durante el calor intenso del verano con el fin de motivar el consumo conocido como “Mercadotecnia de las experiencias”.
 
Pasaron años para que las históricas hieleras de metal con marcas de cervezas o refrescos empezaran a ofrecer en comodato, obsequiadas o vendidas “al costo” refrigeradores para enfriar sus productos y así ofrecerlas al consumidor final. Todo el proceso del “hielo en la cerveza”.
 
“Romper el hielo es el paso clave para conectar mejor. Para ayudar a armar las mejores conversaciones dependiendo de la ocasión.”
 
La venta de hielo ha evolucionado drásticamente: pasó de la importación y distribución en pesados bloques cortados de lagos, aislados con aserrín para retrasar el derretimiento (inicios del Siglo XX), a un mercado moderno basado en máquinas industriales. Hoy, el producto se comercializa principalmente en bolsas de polietileno con hielo purificado, en presentaciones de cubos o frappé en “tiendas de conveniencia”, “supermercados”, así como “abarrotes” o “comercios tradicionales”.
 
A mediados de siglo, pioneros y empresas vislumbraron la necesidad de tratar el agua de la red pública. El agua purificada comenzó a venderse masivamente en grandes envases de vidrio y luego en los clásicos garrafones de plástico y policarbonato para prevenir enfermedades gastrointestinales.
 
Hoy, la industria mexicana de agua y hielo está altamente regulada. En la actualidad el modelo de garrafón representa una necesidad básica en los hogares mexicanos. A su vez, el hielo no desapareció, evolucionó a hielo en cubos y presentaciones embolsadas, comercializadas frecuentemente de manera paralela por las mismas plantas purificadoras. Incluso, actualmente, las innovaciones tecnológicas combinan ambos mercados mediante máquinas vending duales, que expenden tanto garrafones de agua como bolsas de hielo las 24 horas del día.
 
“Hielo en cubitos.”
 
Por otro lado, los refrigeradores modernos con fabricador de hielo (Ice Maker) automatizan todo el proceso para mayor comodidad sustituyendo el uso de los clásicos moldes de plástico o metal (hieleras) que implican un proceso 100% manual.
 
«Menos preocupaciones y más hielos en el vaso.»
 
“La venta de agua y hielo es un negocio altamente rentable y de primera necesidad. El margen de ganancia es considerable porque la materia prima es económica y la demanda es constante (especialmente en climas cálidos o para la industria de alimentos)… Todo en un lapso de más o menos medio siglo.
 
”…el planeta atraviesa por condiciones críticas y extremas, lo que provoca que el agua y el hielo sean cada vez más escasos e irregulares…”
 
«El hielo nos enseña que, incluso en las temperaturas más bajas, el agua mantiene su esencia y belleza.»
 
…La llegada masiva de los refrigeradores cambió para siempre la vida cotidiana, pero también hizo desaparecer aquel oficio duro y silencioso que mantuvo frescos hogares enteros durante décadas.
 
«Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano.»
 

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