Estaba en la etapa de “Estudiante Universitario” cuando visitaba al Tío Paco en su “Paculiar” (he explicado en otro de mis “escritos) casa distribuida entre un “maremagno de antigüedades”. Era adentrase en aquellas paredes y prepararse para hallar toda clase de “reliquias reconocidas” y a él, catalogado “como un “empedernido y experto coleccionista”. Me gustaba no solo visitarlo sino también observar cacharros, muebles y sorpresas por doquier. Me contaba lo mucho que le gustaba ir los domingos a “La Lagunilla” a un enorme “Tianguis Callejero” donde ya tenía amigos dedicados particularmente a las “antigüedades”.
Transcurridos los años “me di cuenta” que a mi no solo me agradaba ver, sino también disfrutaba y me interesaban esos especiales objetos.
Cuando me casé y en el primer “intercambio de regalos navideños” fue a mi suegra a quién le tocó darme el obsequio, al entregármelo me dijo:
-“Ay Lalo discúlpame por darte estas cosas viejas”, pero Lolita me insistió en tu gusto por este tipo de piezas”…
a lo que respondí:
-“¡Es el mejor regalo que pudo haberme dado!
“Como dice el dicho:”
“…Las antigüedades y los objetos con historia desprenden un encanto único…”
Desde entonces empecé a frecuentar esos también llamados “mercadillos”, “bazares”, o en ciertas ciudades “rastros”, los que comúnmente se instalan, como mencioné, los fines de semana.
Existen toda clase de esos lugares conocidos por “los aficionados”: unos que ameritan el esfuerzo visitar y otros que sólo son un amontonamiento de cosas o “mugres”, ¡Ja!.
«Todo se compra y todo se vende…»
«No hay olla tan fea que no encuentre su tapadera.»
Para mi los primeros años de mis “exploraciones” fueron para “tantear el terreno” y después para calcular lo que estaba ”al alcane de mi bolsillo” comprar… Es decir, que cuando me podía “dar el gusto” lo hacía, de lo contrario solo miraba…
¡Han sido muchos los lugares como éstos en los que he y sigo “Gastando Zapatos”, llámese la Capital u otras ciudades de México; agregaría “los “rastros” o “mercados de pulgas” en Madrid, Buenos Aires, Moscú, Lima, Bruselas, Salento así como en Armenia, Colombia donde he adquirido antiguas y grandes cafeteras.
Viviendo por casi una década en “La Condesa” de CDMX, solía visitar los martes entre las Calles “Pachuca y Veracruz” a un “fierrero” que guardaba y luego me “llevaba a domicilio” objetos que creía podían interesarme. A él le compré desde un “curioso” llavero, hasta una “tina/bañera” antigua de hierro fundido cubierta de porcelana con sus llaves, así como, sillones” / “poltronas” y varios etcéteras más…
¡Para mi “Gastar Zapatos” por aquellos alucinantes lugares es como retrazar las hojas del calendario y meterme a un mundo que se fue!
Recuerdo un vendedor de “la Lagunilla” que en 1999 cuando trabajaba en “ASA” (“Aeropuertos y Servicios Auxiliares”) fue a mi oficina para ofrecerme el “cuento” (ahora llamados “cómics”) “Número #1” de la serie de “Memín Pingüín” (con diéresis en la ü). Como dato alusivo apuntaré que el término «Pinguín» viene de «pingo», una palabra coloquial mexicana que se usa para referirse a un niño muy travieso o inquieto.
…y así empiezan a venir a mi memoria lugares y una extensa variedad de objetos adquiridos, así como de “colecciones” que he logrado formar en el devenir de los años.
Otra anécdota que potencializó mi gusto por los “artículos de hierro fundido” fue que en los años 1978-1980 siendo responsable del “Depto. de Compras” de la Empresa “3M” («Manufacturera de Maquinaria Mexicana») en Córdoba, Ver. (donde se compraba “chatarra” o “trozos de hierro o metal viejo e inservibles”), Yo apartaba algunos antes que los mandaran a “la fundidora”. Aún conservo alguna que otra de aquellas piezas…
“…El gusto por “las antigüedades”, “lo vintage” y “la chatarra” es toda una filosofía de vida. Es el arte de encontrar historia, valor y estética en objetos que otros han descartado…”
Reitero que es como si me atrajera el “olor a añejo”… “descubrir hallazgos fascinantes o joyas ocultas en el pasado…”
“Hablar con quien comparte esta afición tiene su encanto: es la atmósfera nostálgica y el atractivo de escuchar historias sobre objetos antiguos.”
Comprar bienes perdurables o imperdurables normalmente es una simple acción de compra/venta…
Comprar un objeto antiguo o viejo es algo con una carga normalmente de emoción y hasta sentimiento…
¡es una pasión!
“Las antigüedades son el eco del pasado resonando en el presente.”
Hay quien disfruta ver “una carrera de autos”, o de escuchar una melodía, leer un libro, ver una buena película, etc. etc.
Hay otros como a mi, que nos atrae el gusto por el coleccionismo e “interés por lo retro”.
Gozo “Gastar Zapatos” por esos extraños y raros “universos”…
«Amo las cosas viejas. Quizá porque fueron de otros que ya no están, porque fueron hechas con esmero y porque nos recuerdan que somos parte de una cadena interminable.”
Anónimo
¡Quién coincida conmigo en este singular tema… seguramente lo entenderá!
…¡simplemente es sentimiento!


















